domingo, 30 de enero de 2011

Un estudio determina que los bebés saben quien les manda


Los rodeamos de ositos y juguetes, les cantamos nanas y pintamos sus habitaciones de colores pastel, pero los bebés menores de un año de edad no son tan inocentes como creíamos. Sin ser capaces de articular palabra, los niños ya saben quién manda. Para ellos, como ocurre en el reino animal y está tan presente en muchas culturas humanas, el más grande es considerado el vencedor, el que marca las reglas. Psicólogos de la Universidad de Harvard han descubierto que estas tiernas criaturas entienden a los a partir de los diez meses el concepto de dominación social y, si se produce un conflicto entre dos individuos, «apuestan» por el de mayor tamaño como el ganador. Como los bebés no hablan, los científicos han llegado a esta sorprendente conclusión tras analizar su comportamiento en un experimento con vídeos que publica la revista Science.
Lotte Thomsen, autora principal del estudio e investigadora en Harvard, considera que el ser humano puede nacer con una cierta comprensión de la dominación social o desarrollarla a una edad muy temprana. Y está relacionada con el tamaño. Este conocimiento es algo muy práctico, ya que puede ayudar a los bebés a aprender la estructura de su entorno social y a reconocer a los que tienen el poder. «Reyes y mandatarios se sientan en grandes tronos elevados, y llevan coronas elaboradas o ropas que les hacen parecer más grandes de lo que realmente son, mientras que los subordinados a menudo se arrodillan o se agachan para mostrar respeto a otros hombres superiores o a los dioses», explica Thomsen. De igual forma, «muchos animales, como pájaros y gatos, se hinchan para parecer más grandes a su adversario, y se postran para demostrar sumisión, al igual que lo hacen los perros. Nuestro trabajo sugiere que incluso con su limitada socialización pre-verbal, los bebés humanos pueden comprender tales exhibiciones», ha indicado.


-Grande contra pequeño
Thomsen y sus colegas de Harvard y de la Universidad de California mostraron a niños de entre 8 y 16 meses unos vídeos en los que interactuaban unos personajes de dibujos animados. En ellos aparecían dos bloques de diferente tamaño, con ojos y boca, que avanzaban desde distintos puntos hasta encontrarse en el centro de la pantalla. Se presentó entonces a los bebés dos versiones de la historia. En la primera, el bloque grande impide el paso al pequeño y éste tiene que ceder y dar un rodeo para pasar. En la segunda, ocurre lo contrario.
Los niños de esa edad tienden a prestar más atención cuando las situaciones les sorprenden, así que los investigadores confirmaron su reacción midiendo el tiempo que estaban pendientes de la pantalla. Y resultó que los niños prestaron más atención cuando el bloque grande cedió ante el pequeño -la media fue de 20 segundos-, frente a los 12 segundos que dedicaron a observar cómo el grandote impedía el paso al más pequeño, una situación que les pareció más corriente. Este comportamiento se repetía especialmente en los niños de 10 a 16 meses, y no en los menores de esa edad.
En las últimas décadas, los científicos han aprendido que la mente infantil crea representaciones abstractas de la física intuitiva, la psicología y las matemáticas. También se ha demostrado que los bebés captan aspectos del mundo social -como por ejemplo si otras personas ayudan o son un impedimento para terceros-, representaciones, que según los científicos, forman parte de lo que necesitan los niños para poder entender el mundo.

**Publicado en "ABC"

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