viernes, 28 de enero de 2011

Los nuevos avances terapéuticos disminuyen la tasa de mortalidad en pacientes con leucemia mieloide crónica (LMC)

La leucemia mieloide crónica (LMC), enfermedad hematológica maligna, es uno de los cuatro tipos más frecuentes de leucemia. El rasgo patogénico más importante en la enfermedad es la aparición de un marcador genético, el llamado cromosoma Filadelfia. Precisamente, las investigaciones en torno al tratamiento de la patología han girado en torno al comportamiento de este cromosoma y del gen BCR-ABL originado por él, "éste da lugar a una proteína llamada BCR-ABL que es la causante de la enfermedad ya que origina una cascada de señales que motiva los cambios en los progenitores de la médula ósea responsables de la transformación en leucemia mieloide crónica", explica el doctor Santiago del Castillo, del Servicio de Hematología del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria de Málaga y uno de los principales expertos sobre esta patología en España. "El resultado es un neoplasia hematológica, una proliferación de glóbulos blancos y plaquetas. El cúmulo de células malignas aumenta el tamaño del bazo, y el paciente se queja de dolor en el lado izquierdo del abdomen, pierde el apetito y está cansado".
En nuestro país, se estima que la leucemia mieloide crónica tiene una incidencia anual cercana a 14 casos por 1.000.000 personas, alrededor de 600 casos al año, y es ligeramente más frecuente en hombres que en mujeres. "Sólo en Andalucía", indica el doctor del Castillo, "se diagnostican alrededor de 100-120 casos al año". En muchos casos, la leucemia mieloide crónica se diagnostica antes de que el paciente sufra por el cuadro clínico. Al principio, en la fase crónica, el paciente tiene una calidad de vida aceptable. Sin embargo, lleva dentro una bomba de relojería cuyo mecanismo se activa en unos 2,5 años sin tratamiento y 5 años con los tratamientos previos de promedio. Y como explica el doctor del Castillo, "después, la enfermedad evoluciona en fases a una crisis blástica (CB), verdadera leucemia aguda, gravísima, cuya evolución se mide en semanas. Pero se trata de una enfermedad de la que, aunque se conoce la base molecular –añade- se desconoce por qué se origina, salvo el efecto inductor que tiene la exposición a radiaciones ionizantes".
No obstante, según el profesor Francis Giles, que hoy presenta en Bilbao las últimas novedades sobre el presente y futuro del tratamiento de estas enfermedad, director de Investigación Clínica de la Universidad Nacional de Irlanda y uno de los principales investigadores en LMC en todo el mundo, "Estamos cerca de la curación de la enfermedad y en ella están teniendo mucho que ver los investigadores españoles". En este sentido, los avances en el conocimiento sobre la enfermedad y, como consecuencia, del tratamiento, han repercutido en que la tasa de mortalidad de los pacientes disminuya y mejore de forma importante su calidad de vida. "Hay un antes y un después marcado por la posibilidad de tratar a estos pacientes con inhibidores de la tirosina quinasa como imatinib desde 2001. La llegada de este tratamiento, específicamente dirigido a la causa de esta enfermedad, supuso una revolución en el abordaje terapéutico de la enfermedad", explica el doctor del Castillo. No obstante, el 20-25% de los pacientes no responde a imatinib o presenta intolerancia al tratamiento.
"Para solucionar la falta de opciones terapéuticas en estos pacientes que no responden al tratamiento con imatinib –añade el profesor Giles- se desarrolló nilotinib, que en la actualidad se utiliza para el tratamiento de aquellos pacientes que no responden a imatinib o presentan intolerancia a esta terapia". Sin embargo, según datos presentados en el 52 Congreso Anual de la Asociación Americana de Hematología, celebrado en Orlando, Tasigna® (Nilotinib) supera significativamente a Glivec® (imatinib) evitando o disminuyendo la progresión a fases avanzadas de de la enfermedad en pacientes adultos con leucemia mieloide crónica, cromosoma Filadelfia positivo de nuevo diagnóstico (LMC Ph+) en fase crónica1. Se trata de resultados del Estudio ENESTnd, de 18 meses de duración y que ha supuesto la primera comparación directa de estas dos terapias orales como tratamiento inicial para esta enfermedad maligna hematológica potencialmente mortal.
Según el doctor del Castillo, "los resultados del Estudio ENESTnd son espectaculares y han demostrado que nilotinib es superior a imatinib en cuanto a profundidad de respuesta o respuesta molecular y supervivencia libre de progresión, lo que puede suponer un nuevo salto en el tratamiento de la enfermedad similar al que supuso imatinib hace unos años". Así, en palabras del profesor Giles, "nilotinib consiguió niveles de respuesta molecular más profundos que imatinib en la LMC Ph+ de primera línea y redujo significativamente la progresión a fase acelerada y a crisis blástica, lo que supuso menos muertes debidas a CML"1. Es destacable el hecho de que el triple de pacientes alcanzó enfermedad no detectable a nivel molecular con Tasigna® (Nilotinib) que con Glivec® (imatinib)1. Además, Tasigna® (Nilotinib) superó a Glivec® (imatinib) en otras mediciones clave de la eficacia del tratamiento.
"Para los hematólogos –explica el doctor del Castillo- estos resultados abren el abanico de posibilidades terapéuticas para tratar a los nuevos pacientes con LMC en un futuro próximo. Además, para los pacientes, la importancia de estos hallazgos radica en la posibilidad de alcanzar respuestas más profundas, más rápido y con menor probabilidad de progresión de la enfermedad. Es probable que esto se traduzca en una supervivencia más prolongada para estos afectados".
A la luz de estos resultados, este experto destaca que "sin duda, nilotinib sustituirá a imatinib como terapia de primera línea en el tratamiento de la leucemia mieloide crónica. Y el futuro de los tratamientos estará no sólo en controlar la enfermedad, sino en curarla".
En febrero de 2010, la Agencia Estadounidense del Medicamento (FDA) concedió a Tasigna® (Nilotinib) una revisión prioritaria para los pacientes con LMC Ph+ de nuevo diagnóstico. Se han presentado solicitudes de nueva indicación a las autoridades regulatorias en la UE.

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